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Recordar la finitud y cortar con la pavada mental

Sobre la autora

Melisa Biondi Vázquez (Tenzin Phurdrön), nacida en Buenos Aires, Argentina, es Psicóloga Clínica con Posgrado en Psicología Transpersonal. Reside en India desde 2015, donde se dedica al estudio de la Psicología y la Filosofía Budistas en la Tradición Tibetana.
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Uno de los pensamientos realistas que me es de mayor utilidad para soltar mis preocupaciones fútiles, las paranoias por qué pensarán o dirán otros de mí y los berrinches por situaciones cotidianas que no se ajustan a mis deseos, es el recuerdo de la impermanencia y la muerte.

Mi Maestro Venenerable Geshe Lobsang Choegyal Rinpoche nos reitera que en cien años sólo quedará nuestro nombre. Y luego ni siquiera eso. Le agradezco inmensamente su manera compasiva de desobstruir mi mente cuando está atorada con concepciones erróneas (¡aunque sea desafiante el trabajo y regresen una y otra vez por causa de mi habituación con ellas!).

 

Lleva tiempo acostumbrarse a cortar con el drama al que la mente está habituada al hacerse problema por todo: amargándose por aquello que a corto plazo uno no puede cambiar, estando en una actitud defensiva ofendiéndose por la más mínima provocación percibida, aferrándose a las opiniones e ideas propias como náufrago al mástil del barco existencial de la mente autocentrada. A veces, en trises de lucidez al percatarse de su pavada mental, una se ríe de sí misma, y halla en esa risa emergida de la consciencia el remedio más eficaz. En ocasiones, en mi pequeña experiencia, acordarme de la propia finitud también puede desatar la carcajada en un acto de auto-complicidad, y así ayudarme a dejar ir la pesadumbre mental.

Desarrollar la capacidad de ponerse límites a uno mismo y superar nuestros hábitos emocionales nocivos es también una práctica de auto-cuidado. ¿Cómo les resulta a ustedes recordar el carácter perecedero de la vida para apaciguar de forma temporaria el drama mental? Que aprendamos a hacer de nuestra efímera vida humana una experiencia significativa para nosotros y todos los demás. Que junto con la compasión y la sabiduría, aprendamos a cultivar la liviandad y la alegría.

Abrazo amoroso a cada uno desde Dharamsala 🤍

Melu Biondi Vázquez (Tenzin Phurdrön)

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«Donde hay amor, cesa el pensamiento de enojo. Donde hay paz, cesa la malicia. Donde hay beneficio, cesa el engaño. Y donde hay consuelo, no hay más intimidación» Buda Maitreya, Māhayānasūtrālaṃkāra; Ornamento de los sutras del Mahayana Donde hay amor, cesa el pensamiento de enojo. Donde hay amor, cesa el

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Perder el entusiasmo se siente para mí como un destierro. Un destierro de la alegría por la virtud. Una desconfianza de mí misma, que entonces implica un destierro de mí. Mi maestro el Venerable Lobsang Choegyal Rinpoche me recuerda la importancia de pensar en el beneficio de los estudios y

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✨ Amor (sánscr. 𝘮𝘢𝘪𝘵𝘳𝘪; Tib. བྱམས་པ་ jam pa) ✨ Compasión (sánscr. 𝘬𝘢𝘳𝘶𝘯𝘢; Tib. སྙིང་རྗེ་ nying je) ✨ Gozo (sánscr. 𝘮𝘶𝘥𝘪𝘵𝘢; Tib. དགའ་བ་ ga wa) ✨ Ecuanimidad (sánscr. 𝘶𝘱𝘦𝘬𝘴𝘩𝘢; Tib. བཏང་སྙོམས་ tang nyom) También llamados «Las cuatro moradas de Brahma» (sánscr. 𝘣𝘳𝘢𝘩𝘮𝘢𝘷𝘪𝘩𝘢𝘳𝘢), en varias tradiciones del Budismo, la práctica de los

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«Si anhelo la esquiva felicidad, si busco evitar el sufrimiento, ¿adónde apuntar con el dedo, sino a mí? Si el enfado oprime mi pecho, si el orgullo me aísla del mundo, ¿a quién apuntar con el dedo, sino a mí? No puedo controlar los cuatro elementos ni amansar de la

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